miércoles, 1 de julio de 2015

Trabajando en una agencia inmobiliaria

Cuando terminó la temporada cerró el establecimiento donde trabajaba así que me puse, de nuevo, a buscar un puesto de trabajo. Tramite un amigo encontré uno de recepcionista en una agencia inmobiliaria que la voy a llamar Estudio Ese.
Mis funciones eran recibir a los clientes que eran, sea propietarios de apartamentos que los querían poner en venta o en alquiler, sea clientes que querían comprar o alquilar inmuebles.
En pocas semanas empecé a ocuparme de los alquileres. Tenía que redactar los contratos, enseñar las casas y cobrar los anticipos.
Todo fue bien durante varios meses hasta que empezaron a venir muchas personas que querían hablar con la propietaria. Tardé un poco en descubrir que venían a cobrar y necesité algo más de tiempo para comprender que los propietarios habían jugado con el dinero de muchos vecinos y que se lo habían comido.
La situación era muy violenta pero por algún inexplicable motivo yo vivía tranquilo y sereno cobrando a final de mes y haciendo mi trabajo sin interesarme realmente de cómo habían ido las cosas.
No obstante mi poco interés no tardé en descubrir que los dos socios de la agencia habían hecho un agujero enorme y que probablemente se lo habían metido por la nariz.
Mientras yo había encontrado un trabajo part time de profesor de español como lengua extranjera en un Instituto lingüístico, trabajo que me tenia ocupado al principio un par de tardes a la semana.
Después de casi un año de trabajar en la agencia los problemas llegaron a un punto de explosión y dejaron de pagarme el sueldo. 
Mucha gente del pueblo había perdido todos sus ahorros invirtiendo en la agencia. No sentí demasiada pena porque me parecía que en su mayoría habían sido inversiones dictadas por la codicia pero comprendí que no era el caso de seguir trabajando allí y me despedí.
Después de eso, la agencia no tardó en cerrar. Yo ya estaba en otro tema pero me enteré de dos dramas.

El primero de un hombre enfermo de cáncer al que habían estafado bastante dinero.Sin duda el disgusto acortó más su vida y otro hombre de escaso nivel cultural que no pudo afrontar la pérdida y se terminó suicidando.
Fue terrible vivir esto aunque cuando estas tragedias se desarrollaron yo ya no trabajaba allí. 
Después de eso, los propietarios de la agencia dejaron el pueblo y nunca más he vuelto a saber de ellos y tampoco he hecho nada para informarme. 
En conclusión, me encontré otra vez sin trabajo. Es verdad que los cursos de español empezaban a dar algún fruto, pero de ningún modo lo suficiente para poderme mantener en Italia.