Es fácil imaginar las dificultades iniciales.Aunque si bien mi nivel de italiano era muy bueno, el nivel que requiere un trabajo de este tipo es excelente.
Durante cuatro años organicé congresos internacionales, como el de Slovenia, Málaga o Ecuador.
Redacté cientos de notas de prensa, artículos y reportajes periodísticos para la revista del ayuntamiento y su página web, organicé ruedas de prensa, convoqué a los medios, elaboré dossier de prensa y cientos de pequeñas cosas más relacionadas con este trabajo.
La experiencia fue magnifica. Hasta que... a la alcaldesa del pueblecito la nombraron diputada y decidió hacer un gabinete estable dentro del Ayuntamiento.
Ni que decir tiene que como eramos sólo dos, mi jefa se quedó con el puesto. Merecidamente, todo hay que decirlo.
Durante un par de meses intentamos por todos los medios encontrar nuevos clientes que permitiesen mantener la oficina abierta, pero la zona era muy pequeña y el territorio no daba para tanto. Así que se cerró el gabinete de prensa y yo me quedé simplemente con los cursos de español.
Enseñar español
| Plaza de la República de Campiglia Marittima |
La zona de la toscana en la que ya llevaba viviendo siete años no tenía mucho turismo hispanohablante. Las empresas tampoco tenían muchas relaciones con el mercado español o sudamericano. En consecuencia, estudiar español era escoger una asignatura super- María o algo que se hacía por pasión.
No obstante esto. Yo empecé en el Instituto lingüístico Leon Battista Alberti dando cursos extra curriculares a los alumnos que quisieran.
Mi reputación fue tan buena que me llamaron para lo mismo de la Scuola Media Via Torino.
Allí empecé con un grupo de un nivel y quince alumnos y cuando me marché teniá casi 70 alumnos en cuatro niveles. Además, me llamaron para dar lecciones en Siderfor, que era una empresa de formación. En la Magona Italia, que luego pasó a formar parte del grupo Arcelor Mittal, en la fabrica de ventanas Antonini & Bianchi y en Dalmine.
También, el Provveditorato agli Studi di Livorno me nombró experto docente para impartir dos cursos, durante dos años consecutivos, del CAB y formé parte del tribunal examinador.
No tenía un sueldo digno de tal nombre. Pero al menos me iba manteniendo y las satisfacciones eran muchas.
Creo que en esa época si hubiese sido rico, habría continuado a dar clases incluso gratis.
Tuve alumnos excepcionales y me sentí muy feliz.
Naturalmente todo tiene su punto negativo y este fue que al ser mi licenciatura en periodismo, no tenía ninguna posibilidad, no obstante mi experiencia y mis éxitos, a dar clases de español o entrar como lector en las Universidades o en sitios con mejores sueldos.
Ganaba los concursos pero mi sueldo se limitaba a las horas lectivas. Sin vacaciones pagadas.
Y entonces, cuando llevaba medio año dedicado en exclusiva a las lecciones y buscando otros trabajos fue, cuando sin buscarlo, mi reputación de periodista en el gabinete de prensa dio buenos frutos.
El director de la única radio local me llamó para que formara parte de su staff.






