sábado, 1 de agosto de 2015

Nell'ufficio stampa o Gabinete de prensa

Por una carambola del destino empecé a trabajar en un gabinete de prensa que tenía como cliente principal a un pequeño ayuntamiento.
Es fácil imaginar las dificultades iniciales.Aunque si bien mi nivel de italiano era muy bueno, el nivel que requiere un trabajo de este tipo es excelente.

Tuve suerte, mi jefa tenía paciencia y seguramente vio mi potencial y desde luego, como las funciones de un gabinete de prensa no son simplemente escribir y lanzar notas de prensa, un carácter como el mio, capaz de entablar relaciones cordiales, incluso de amistad con periodistas y clientes resultaba muy valioso.
Durante cuatro años organicé congresos internacionales, como el de Slovenia, Málaga o Ecuador.
Redacté cientos de notas de prensa, artículos y reportajes periodísticos para la revista del ayuntamiento y su página web, organicé ruedas de prensa, convoqué a los medios, elaboré dossier de prensa y cientos de pequeñas cosas más relacionadas con este trabajo.
La experiencia fue magnifica. Hasta que... a la alcaldesa del pueblecito la nombraron diputada y decidió hacer un gabinete estable dentro del Ayuntamiento.
Ni que decir tiene que como eramos sólo dos, mi jefa se quedó con el puesto. Merecidamente, todo hay que decirlo.
Durante un par de meses intentamos por todos los medios encontrar nuevos clientes que permitiesen mantener la oficina abierta, pero la zona era muy pequeña y el territorio no daba para tanto. Así que se cerró el gabinete de prensa y yo me quedé simplemente con los cursos de español.

Enseñar español
Plaza de la República de Campiglia Marittima

La zona de la toscana en la que ya llevaba viviendo siete años no tenía mucho turismo hispanohablante. Las empresas tampoco tenían muchas relaciones con el mercado español o sudamericano. En consecuencia, estudiar español era escoger una asignatura super- María o algo que se hacía por pasión.
No obstante esto. Yo empecé en el Instituto lingüístico Leon Battista Alberti dando cursos extra curriculares a los alumnos que quisieran.
Mi reputación fue tan buena que me llamaron para lo mismo de la Scuola Media Via Torino.
Allí empecé con un grupo de un nivel y quince alumnos y cuando me marché teniá casi 70 alumnos en cuatro niveles. Además, me llamaron para dar lecciones en Siderfor, que era una empresa de formación. En la Magona Italia, que luego pasó a formar parte del grupo Arcelor Mittal, en la fabrica de ventanas Antonini & Bianchi y en Dalmine.
También, el Provveditorato agli Studi di Livorno me nombró experto docente para impartir dos cursos, durante dos años consecutivos, del CAB y formé parte del tribunal examinador. 
No tenía un sueldo digno de tal nombre. Pero al menos me iba manteniendo y las satisfacciones eran muchas.
Creo que en esa época si hubiese sido rico, habría continuado a dar clases incluso gratis.
Tuve alumnos excepcionales y me sentí muy feliz.
Naturalmente todo tiene su punto negativo y este fue que al ser mi licenciatura en periodismo, no tenía ninguna posibilidad, no obstante mi experiencia y mis éxitos, a dar clases de español o entrar como lector en las Universidades o en sitios con mejores sueldos.
Ganaba los concursos pero mi sueldo se limitaba a las horas lectivas. Sin vacaciones pagadas.
Y entonces, cuando llevaba medio año dedicado en exclusiva a las lecciones y buscando otros trabajos fue, cuando sin buscarlo, mi reputación de periodista en el gabinete de prensa dio buenos frutos.
El director de la única radio local me llamó para que formara parte de su staff.



miércoles, 1 de julio de 2015

Trabajando en una agencia inmobiliaria

Cuando terminó la temporada cerró el establecimiento donde trabajaba así que me puse, de nuevo, a buscar un puesto de trabajo. Tramite un amigo encontré uno de recepcionista en una agencia inmobiliaria que la voy a llamar Estudio Ese.
Mis funciones eran recibir a los clientes que eran, sea propietarios de apartamentos que los querían poner en venta o en alquiler, sea clientes que querían comprar o alquilar inmuebles.
En pocas semanas empecé a ocuparme de los alquileres. Tenía que redactar los contratos, enseñar las casas y cobrar los anticipos.
Todo fue bien durante varios meses hasta que empezaron a venir muchas personas que querían hablar con la propietaria. Tardé un poco en descubrir que venían a cobrar y necesité algo más de tiempo para comprender que los propietarios habían jugado con el dinero de muchos vecinos y que se lo habían comido.
La situación era muy violenta pero por algún inexplicable motivo yo vivía tranquilo y sereno cobrando a final de mes y haciendo mi trabajo sin interesarme realmente de cómo habían ido las cosas.
No obstante mi poco interés no tardé en descubrir que los dos socios de la agencia habían hecho un agujero enorme y que probablemente se lo habían metido por la nariz.
Mientras yo había encontrado un trabajo part time de profesor de español como lengua extranjera en un Instituto lingüístico, trabajo que me tenia ocupado al principio un par de tardes a la semana.
Después de casi un año de trabajar en la agencia los problemas llegaron a un punto de explosión y dejaron de pagarme el sueldo. 
Mucha gente del pueblo había perdido todos sus ahorros invirtiendo en la agencia. No sentí demasiada pena porque me parecía que en su mayoría habían sido inversiones dictadas por la codicia pero comprendí que no era el caso de seguir trabajando allí y me despedí.
Después de eso, la agencia no tardó en cerrar. Yo ya estaba en otro tema pero me enteré de dos dramas.

El primero de un hombre enfermo de cáncer al que habían estafado bastante dinero.Sin duda el disgusto acortó más su vida y otro hombre de escaso nivel cultural que no pudo afrontar la pérdida y se terminó suicidando.
Fue terrible vivir esto aunque cuando estas tragedias se desarrollaron yo ya no trabajaba allí. 
Después de eso, los propietarios de la agencia dejaron el pueblo y nunca más he vuelto a saber de ellos y tampoco he hecho nada para informarme. 
En conclusión, me encontré otra vez sin trabajo. Es verdad que los cursos de español empezaban a dar algún fruto, pero de ningún modo lo suficiente para poderme mantener en Italia.

viernes, 26 de junio de 2015

Llegar a la Toscana

Después de mi traumática experiencia en Ospitaletto, llegué a la estación de Campiglia Marittima con bastante recelo pero rápidamente cambié de opinión.
Mi trabajo era cuidar de un niño de siete años hijo de una madre separada que de trabajo hacía la ceramista. Gente abierta y simpática disponible a ayudar y con un buen italiano, no como en Brescia que parece que hablan ostrogodo.
Me enamoré inmediatamente del sitio y de alguien de dos patas también así que cuando hice la entrevista para la famosa revista de la Comunidad ya no estaba tan interesado. Me parecía que en Toscana había encontrado un hogar.
Calle de Campiglia Marittima
No tuve que escoger entre una cosa y otra ya que aunque si bien quedé el cuarto en la selección, como sólo cogían a dos, la suerte ya estaba echada.
Mi primer trabajo en Toscana fue de camarero en un "pianobar" un sitio de copas con música en directo en un sitio muy bonito de San Vincenzo que se llamaba "La Pinetina", era un lugar al aire libre por lo que sólo estaba abierto en verano. Me fue muy útil para aprender italiano y muchas canciones moñas que tienen. El ambiente entre los compañeros y jefe era bueno y la verdad es que me lo pasé muy bien.
Entre las cosas que me pasaron fueron aguantar los chorreos de los clientes por ser español ya que a menudo me pedían "una spagnola" que es lo que nosotros llamamos "una cubana". Cuando algo les hace gracia se ponen muy pesados.
Otra cosa bastante común es que te digan: "Eres español? Yo he estado en Barcelona" . Es un auténtico coñazo, sobre todo porque yo en esa época ni siquiera había estado en Barcelona y no podía responder con alguna frase vacía del tipo "Si?, es una ciudad preciosa". Después de las primeras cien veces, aprendí a responder esto mientras pensaba " Y a mí ¿Qué?". Son muy pesados.
Vista de Populonia y golfo de Baratti
Ahora no sé como será la cosa, pero para cobrar mi primer cheque fui al mismo banco que lo había emitido sólo para que me dijeran que como no lo habían emitido en esa sucursal si lo quería cobrar tendría que ir a la sucursal donde mi jefe tenía la cuenta, que estaba a casi 20 km, también desconfiaron de mi pasaporte porque el cheque estaba a mi nombre. !Vamos que aluciné!
También fue divertido cuando los carabinieri me pidieron documentación y me tuvieron un buen rato porque por entonces donde pone "Sexo ponía una H", no como ahora que pone V- H
Ellos pensaron que eso era de Hembra y alucinaban.
Terminó el verano y mi contrato, pasé un par de meses en el paro antes de encontrar trabajo en una agencia inmobiliaria, pero eso es ya otra historia.

martes, 23 de junio de 2015

Trabajando en una tienda de fotos

La experiencia en Televisión fue devastadora. Aprender aprendí un montón de cosas. A nivel profesional a hacer una noticia a toda velocidad, a machetazo limpio, a presentar lo mismo un informativo que un programa de cine que moderar un programa de debate. 
Todo casi sin producción previa y a salto de mata. Cuando lo pienso, todavía alucino de lo bien que salían las cosas.
A nivel personal aprendí que en este micro cosmos es mejor no fiarse de nadie.
Plaza de los Milagros de Pisa
Los compañeros se esforzaban más en desacreditar el trabajo de los demás que en hacer mejor el propio. Probablemente porque en la mediocridad el único modo de resaltar no es haciendo las cosas mejor sino señalando las carencias y los errores de los otros. Guerra de miserables. No me gustó trabajar en la tele, en pocas ocasiones podías hacer temas propios, casi siempre la información consistía en ir a ruedas de prensa y la vida no te daba para mucho más. Por otra parte, eso de salir en la tele, de "Dar la cara" siempre me ha dado bastante pudor. 
Supongo que por eso no se me da particularmente bien.
Pasé página y al poco tiempo encontré un trabajo de dependiente en una tienda de fotos. Por aquella época tenían mucho éxito. Las fotos había que imprimirlas para verlas y se tiraba mucho de carrete.
La empresa en la que trabajaba tenía 6 tiendas en la ciudad, tres en el centro, una en un centro comercial y la otra en Gamonal.
Actualmente, sólo queda la de Gamonal y la plantilla sufrió las consecuentes consecuencias. El sector pasó de ser florido y hermoso a ser una ruina en un par de años. Estos son los efectos de los avances tecnológicos. Puede que en algunos casos, como en este, mejoren la vida de todos permitiendo hacer una cantidad ilimitada de fotos prácticamente sin coste.
Se estima que en en sólo dos minutos se hacen tantas fotos como las que se realizaron en todo 1800.
Las víctimas más cercanas de este avance han sido las tiendas de fotos y sus trabajadores. Se tiende a no pensar en ellos pero también era un motor económico y una forma de ganarse la vida que la tecnología a robado a cambio de nada.
Con esto quiero decir que al desaparecer los trabajadores no se reciclaron ni actualizaron, empezaron a hacer otros trabajos completamente diferentes que no es lo mismo.
A veces oímos eso de que hay que reciclarse como algo positivo. En general lo que se pide es un renacimiento. Me explico mejor. Se recicla una botella de plástico y siempre saldrá otro objeto de plástico y en ese caso el término está bien usado, pero cuando se pide que un periodista trabaje de dependiente o en producción eso no es reciclarse, es pasarse el título, que forma parte de la identidad por el culo y renacer en otra profesionalidad.
Un dependiente de una tienda de fotos no se recicla al trabajar en una carnicería, sobrevive.
Esto no es nada nuevo, son cosas que siempre han pasado y siempre pasarán. Lo digo no porque sea un moñas con nostalgia de los oficios del pasado sino porque creo que el coste de los avances merece una reflexión por breve y manida que esta sea.
Yo trabajé casi un año, pero seguía teniendo ganas de trabajar en el periodismo así que continué a buscar trabajo hasta que encontré una oferta para una revista de la Comunidad que tendría su sede en Bruselas y que buscaba dos periodistas por país.
Interior del Duomo de Pisa

Pasé la selección curricular y la entrevista telefónica en inglés.
La persona que me hizo la entrevista me comentó que había unas quince personas españolas para la selección final que sería en Bruselas en tres meses, pero que casi todas tenía un tercer idioma.
Comprendí la indirecta y me dí cuenta de que si quería estar entre los elegidos tenía que aprender rápidamente otro idioma de la Comunidad.
El más fácil me pareció el italiano, así que me despedí de la tienda de fotos, hice la maleta y me fui a Italia.
Me parecía poco probable aprender un idioma en tres meses trabajando en Burgos así que me lo jugué todo a una carta.
Cuando se quiere aprender un idioma en el menor tiempo posible y sin recursos como para ir a una academia chupi guay, la única posibilidad es buscar un trabajo en una zona en la que no haya muchos españoles ni extranjeros con los que hacer pandi.
Cuando se está sólo en un país extraño se tiende a buscar refugio en los que están en la misma situación. Esta es una opción perfecta para quien quiere pasar mucho tiempo en el país, pero para los que quieren aprender un idioma cuanto antes, lo mejor es ponerse en una situación en la que el único modo de comunicar sea hablando lo que se hable en en sitio en el que estás.
Mi primera parada fue Ospitaletto un pueblo terrible cerca de Milán.
La gente que me dio trabajo era de lo peor. Pertenecían a la clase alta de la zona así que no se cortaban en echarte en la cara lo que comías y encima no me pagaron dos semanas.
Los ricos tienen dinero porque no se lo gastan y porque si pueden robar y estafar a los que están debajo no se lo piensan dos veces. Lo que no les impide ir de "buenos". 
En ese momento les deseé de todo corazón que los que me habían robado se lo gastasen en medicinas, pasé página y encontré un apaño. Esta vez para mejor en la región más bonita del mundo: La Toscana.

jueves, 18 de junio de 2015

Trabajando en Televisión Burgos

Cuando volví de Inglaterra me encontré un panorama no muy distinto de como lo había dejado ocho meses atrás, pero pensaba que ahora que sabía inglés se me abrirían cientos de puertas de par en par.

Mientras, los conocidos y amigos de mi generación luchaban por buscarse la vida con más o menos éxito pero en poquísimos casos con resultados estables.
Gracias a la administrativo de Onda Cero con la que tenía una relación de amistad (que sigo manteniendo) me hicieron una prueba para presentador de una nueva televisión que se acababa de crear en la ciudad.
Pasé la prueba. Tengo que decir que en mi opinión no me salió muy bien pero parece que fue lo mejor que encontraron así que a 15 días de mi llegada de Inglaterra empecé a trabajar en Televisión Burgos.
Ian Gibson 
Por aquel entonces había una guerra con las concesiones televisivas y habiendo un limbo legal se crearon pequeñas realidades locales con la idea de llevarse el gato al agua cuando la normativa fuese más clara.
En Burgos además de la televisión que me había contratado estaba, y todavía continúa, Canal 54.
Ni el propietario ni el director tenían formación periodística así que no teníamos a nadie a quien consultar porque por nuestra parte nadie tenía gran experiencia en el tema. Fuimos aprendiendo por el camino y los resultados no fueron tan malos como cabía esperar.
En esa época cimenté no pocos contactos con los gabinetes de prensa de la ciudad, relaciones que en muchos casos podría definir de amistad que sigo manteniendo, además entrevisté a personajes interesantes.
El problema surgió cuando nos dejaron de pagar la mierda de sueldo que nos daban que "naturalmente" no llegaba a los 1.000 euros actuales.
Todos tuvimos mucha paciencia durante varios meses pero resultaba muy humillante tener que pedir dinero a los padres para ir a trabajar las 12 o 14 horas diarias.
Así que decidimos plantarnos e ir a la huelga. Naturalmente hubo despidos y represalias y entre "favorecidos" me encontré yo.
La televisión aguantó un año más antes de echar el cerrojo.
De esta experiencia aprendí a hacer televisión. No es un medio por el que sienta particular atracción pero nada más salir pensé que mi experiencia en la radio, en la televisión y con inglés tendría muchas más oportunidades.
Me equivocaba. 
Los medios seguían teniendo superávit de candidatos mientras que sus necesidades continuaban a ser las mismas.
El enchufismo era la práctica más corriente a la hora de contratar gente nueva.


martes, 16 de junio de 2015

Con la maleta a Inglaterra

En 1995 sentí que mi país más que madre era madrastra y decidí aprender inglés por las bravas, es decir, lanzarme a Inglaterra y buscarme la vida.
Tenía muy claro que no quería perder el tiempo así que escogí un pequeño pueblo en el centro de la isla lejos de turistas y otros extranjeros para aprender la lengua directamente de los nativos.
Mi oportunidad la encontré en Hampton Lucy en Warwickshire, cerca de Stratford upon Avon. Allí era el único extranjero y además de hacer de canguro para una señora separada y con cinco hijos empecé a trabajar en el único pub del pueblo.
La familia era un encanto y lo que más lamento, no obstante todos los años que han pasado es haber perdido el contacto. Sobre todo porque fue culpa mía pero sigo queriendo mucho a todos los niños que ahora ya serán hombres y mujeres de pelo en pecho.
En el pub empecé como comentaba de camarero hasta que me propusieron pasar a la cocina, como se me daba bien cocinar enseguida ofrecí un menú mediterráneo con pasta boloñesa y carbonara, cordero guisado, albóndigas y sopa de cebolla como especialidades.
Me llena de orgullo decir que se corrió la voz y pronto aumentó el número de clientes que venían a comer mis platos. 
Cocinar en un pub inglés es una tontería, en practica basta con que sepas freír y usar el microondas. Nosotros cocinábamos los lunes, además de mis recetas todos los "pies" típicos ingleses, les porcionábamos y los congelábamos. Se iban sacando según los pedían.
La primera semana mis platos llegaron de lunes a lunes pero luego ya no fue así y tuve que cocinar más días.
La clientela estaba tan contenta conmigo que el día que me marché un cliente me dejó de propina la misma cantidad que pagó por el menú y quiso dármelo personalmente. No había día que no tuviese una satisfacción y encima había un ambiente genial.
Mis jefes, Sally y David eran unas personas maravillosas y me trataron como a un hijo y mi compañero Greg era un chico extraordinario.
Me pagaban muy bien y estaba muy contento pero me daba cuenta de que esa cultura no era en la que yo quería vivir el resto de mi vida y que quería volver a España.


El pueblo era pequeño y el clima carecía de sol y ese tema de ponerte hasta las trancas de cerveza todos los fines de semana no iba conmigo.
Además era muy cansino ser siempre el exótico del grupo, aunque tengo que reconocer que me integré de maravilla entre los jóvenes del pueblo. Algunos sábados íbamos a Stratford de marcha, también fuimos a Londres algunos fines de semana, también fuimos a Birmingham al cine y en verano nos fuimos de camping al sur.
Como me gusta mucho Shakespeare también aproveché mi estancia allí para ir al teatro acompañado por los padres de un amigo, pero por lo general era bastante aburrido y muy limitado, yo quería volar y trabajar de periodista.
Así que después de ocho meses aproveché las vacaciones de Navidad para volver a casa.

Mi primer trabajo como becario

Cuando en los primeros años de los 90 salí al mundo laboral no había trabajo para nadie y las empresas se divertían con peticiones imposibles como exigir idiomas, experiencia y juventud, algo que sólo las castas sociales más altas podían tener ya que la educación formal casi no tenía en cuenta el estudio de los idiomas.
En primero de carrera estábamos inscritos casi 400 alumnos pero menos de la mitad llegamos a terminar nuestros estudios de periodistas. No obstante esta escabechina, resultaba obvio que no habría medios de comunicación o gabinetes de prensa (cosa que por aquel entonces no era comunes) suficientes para todos.
Mucho menos si se tiene en cuenta que la UPV no era la única facultad de periodismo de España.
Cuando sales de la facultad no eres muy consciente de estos números. Sobre todo porque estás convencido de que tú vas a tener suerte y de que tú vas a encontrar trabajo en lo tuyo enseguida porque trasudas talento por todos los poros de la piel.
La realidad es que en mi grupo más cercano de amigos de la facultad sólo (yo y un tal Sergio) conseguimos trabajar en periodismo. Los demás que eran unos 15 se reciclaron hacia otras actividades y aunque no mantengo contacto con todos, puedo decir, después de 20 años, que a los demás les ha ido mejor.
Mi primera experiencia en prácticas (por aquel entonces no se decía becario) fue en una sucursal de Onda Cero que en esos momentos pertenecía a la ONCE.
Nada más llegar me dí cuenta de que no tenía ni puta idea y de que los cinco años que había pasado estudiando no me habían preparado en absoluto para lo que era necesario saber para trabajar en una radio.
Milagrosamente me puse las pilas y metí más horas que las lámparas. Además de colaborar en la realización de los informativos me ofrecí voluntario para colaborar en los diferentes programas.
Iba sólo a cubrir la información, no como ahora que parece que los becarios tienen que ir acompañando a un redactor. Recuerdo que un día (creo que fue en la primera semana) me pidieron que entrara en directo desde la universidad. Casi me da un pampurrio. Busqué una cabina de teléfonos
, porque por aquel entonces no había móviles y  conseguí articular palabra no obstante los nervios y creo que la cosa no quedó mal ya que me felicitaron.
Como pago me dieron los billetes del autobús (no dinero para el autobús sino los mismos billetes) así estuve varios meses hasta octubre. El director, con apellido de árbol frutal, estaba encantado conmigo y me prometió que conseguiría que Madrid me hiciera un contrato.
Fue el día más feliz de mi vida.
Pero pasaron los días y en vez de a mí contrataron a una chica con una minusvalía cosa que me rompió el corazón.
Ahí tenía que haber comprendido que a las empresas más que la dedicación, el entusiasmo o la profesionalidad les interesa ahorrarse unas perrillas.
Estuve buscando trabajo en otros medios de la ciudad pero no había NADA DE NADA.
Así que con el impulso de la decepción decidí cubrir la laguna que tenía con los idiomas, hice la maleta y me fui a Inglaterra.