Todo casi sin producción previa y a salto de mata. Cuando lo pienso, todavía alucino de lo bien que salían las cosas.
A nivel personal aprendí que en este micro cosmos es mejor no fiarse de nadie.
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| Plaza de los Milagros de Pisa |
Supongo que por eso no se me da particularmente bien.
Pasé página y al poco tiempo encontré un trabajo de dependiente en una tienda de fotos. Por aquella época tenían mucho éxito. Las fotos había que imprimirlas para verlas y se tiraba mucho de carrete.
La empresa en la que trabajaba tenía 6 tiendas en la ciudad, tres en el centro, una en un centro comercial y la otra en Gamonal.
Actualmente, sólo queda la de Gamonal y la plantilla sufrió las consecuentes consecuencias. El sector pasó de ser florido y hermoso a ser una ruina en un par de años. Estos son los efectos de los avances tecnológicos. Puede que en algunos casos, como en este, mejoren la vida de todos permitiendo hacer una cantidad ilimitada de fotos prácticamente sin coste.
Se estima que en en sólo dos minutos se hacen tantas fotos como las que se realizaron en todo 1800.
Las víctimas más cercanas de este avance han sido las tiendas de fotos y sus trabajadores. Se tiende a no pensar en ellos pero también era un motor económico y una forma de ganarse la vida que la tecnología a robado a cambio de nada.
Con esto quiero decir que al desaparecer los trabajadores no se reciclaron ni actualizaron, empezaron a hacer otros trabajos completamente diferentes que no es lo mismo.
A veces oímos eso de que hay que reciclarse como algo positivo. En general lo que se pide es un renacimiento. Me explico mejor. Se recicla una botella de plástico y siempre saldrá otro objeto de plástico y en ese caso el término está bien usado, pero cuando se pide que un periodista trabaje de dependiente o en producción eso no es reciclarse, es pasarse el título, que forma parte de la identidad por el culo y renacer en otra profesionalidad.
Un dependiente de una tienda de fotos no se recicla al trabajar en una carnicería, sobrevive.
Esto no es nada nuevo, son cosas que siempre han pasado y siempre pasarán. Lo digo no porque sea un moñas con nostalgia de los oficios del pasado sino porque creo que el coste de los avances merece una reflexión por breve y manida que esta sea.
Yo trabajé casi un año, pero seguía teniendo ganas de trabajar en el periodismo así que continué a buscar trabajo hasta que encontré una oferta para una revista de la Comunidad que tendría su sede en Bruselas y que buscaba dos periodistas por país.
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| Interior del Duomo de Pisa |
Pasé la selección curricular y la entrevista telefónica en inglés.
La persona que me hizo la entrevista me comentó que había unas quince personas españolas para la selección final que sería en Bruselas en tres meses, pero que casi todas tenía un tercer idioma.
Comprendí la indirecta y me dí cuenta de que si quería estar entre los elegidos tenía que aprender rápidamente otro idioma de la Comunidad.
El más fácil me pareció el italiano, así que me despedí de la tienda de fotos, hice la maleta y me fui a Italia.
Me parecía poco probable aprender un idioma en tres meses trabajando en Burgos así que me lo jugué todo a una carta.
Cuando se quiere aprender un idioma en el menor tiempo posible y sin recursos como para ir a una academia chupi guay, la única posibilidad es buscar un trabajo en una zona en la que no haya muchos españoles ni extranjeros con los que hacer pandi.
Cuando se está sólo en un país extraño se tiende a buscar refugio en los que están en la misma situación. Esta es una opción perfecta para quien quiere pasar mucho tiempo en el país, pero para los que quieren aprender un idioma cuanto antes, lo mejor es ponerse en una situación en la que el único modo de comunicar sea hablando lo que se hable en en sitio en el que estás.
Mi primera parada fue Ospitaletto un pueblo terrible cerca de Milán.
La gente que me dio trabajo era de lo peor. Pertenecían a la clase alta de la zona así que no se cortaban en echarte en la cara lo que comías y encima no me pagaron dos semanas.
Los ricos tienen dinero porque no se lo gastan y porque si pueden robar y estafar a los que están debajo no se lo piensan dos veces. Lo que no les impide ir de "buenos".
En ese momento les deseé de todo corazón que los que me habían robado se lo gastasen en medicinas, pasé página y encontré un apaño. Esta vez para mejor en la región más bonita del mundo: La Toscana.


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