lunes, 8 de junio de 2015

Nacer con estrella o estrellado

Cuando estaba en BUP, en un colegio privado de curas, en mi clase había 43 ó 46 chicos. Hoy en la misma clase hay 23.

Mis padres habían tenido dificultades para acceder a la educación, de hecho mi padre se licenció mientras nosotros eramos niños y mi madre en la misma época consiguió el Graduado Escolar.

Nada extraño entonces que para los padres de esos tiempos lo fundamental era que sus retoños se sacasen un título universitario.
En mi casa eramos tres hermanos y sólo yo conseguí el anhelado título.
Ni que decir tiene que a mis dos hermanos les ha ido bastante mejor con su Formación Profesional.
Cuando estaba en 2 de BUP tuve una iluminación y decidí que quería ser periodista.
Había que ir a estudiar fuera y aunque mi notas me daban acceso a la prestigiosa universidad de Pamplona, el coste era impensable  para mi familia y la alternativa de la UPV parecía la única alternativa posible.
Así que no corto ni perezoso me enfrenté a cinco años de duros estudios universitarios para alcanzar mi sueño de ser periodista y la esperanza de mis padres de tener un hijo con títulazo.
En esos años había movidas todos los santos fines de semana en el casco viejo bilbaíno. La famosa kale borroca.

Yo iba a lo mío, sacar buenas notas y terminar la carrera, pero las tensiones se masticaban.

Cuando finalmente terminé la carrera, la crisis estaba en sus mejores momentos.
Cierre de los altos hornos, de los astilleros y de todas las empresas colegadas a estas industrias, manifestaciones, violencia y desamparo era el pan nuestro de cada día.
La crisis de la época de Felipe González se tradujo en el principio de una pérdida masiva de los derechos de los trabajadores.
En pocos años se perdieron, con la convivencia de los sindicatos, derechos que habían costado sangre sudor y muchas lágrimas conseguir. 
El chantaje que presentaba gobierno y patronal era que si no se conseguía ser competitivos a costa de los sueldos de los trabajadores, no habría trabajo para nadie.
Se terminó cediendo y las empresas lejos de ser más competitivas a nivel global, se vincularon a la construcción como si de una república bananera se tratase.
Mientras tanto, los que tuvimos la desgracia de pertenecer al Boom de los 60, entramos en el mundo laboral con un panorama desolador.
Las ofertas que habían pedían idiomas, experiencia y ser joven. Cosa difícilmente compatible para la mayoría de la población.
El Curriculum tenía que tener muchas líneas.
De esos tiempos tengo cursos de Marketing por la universidad de Valladolid, seminarios de periodismo organizados por el Diario de Burgos y Cursos de actualización periodística organizados por el desaparecido Diario 16, por contar algunos.
Ni que decir tiene que me han servido para limpiarme el trasero con las dos manos.


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