martes, 9 de junio de 2015

El sueño de Nescafé

Ya se acerca la fecha en la que nuevamente se sorteará un sueldo de 2.000 euros para toda la vida que pone en marcha de café soluble Nescafé.

Yo hasta ahora, siendo consumidor habitual de este producto, no había participado a este sorteo.

Reconozco que había quitado y guardado algunas etiquetas, pero por una cosa u otra siempre se me olvidaba mandarlo.
Este año me he acordado, he recogido un par de ellas que tenía guardadas de otros años y las que tenía de este y he mandado tres cartas.
Me ha hecho ilusión. Para qué negarlo. Pero reconozco que esta ilusión tiene algo de cándido, algo de ingenuidad que se resiste de morir.
En un país como este en el que las oposiciones están, en su mayoría dadas. En el que un gobernador civil se puede pringar por un fusil de dos mil euros, en el que la codicia no tiene fondo, no queda más remedio que preguntase si este concurso, rifa o como quiera llamarse no será otro timo de la estampita.

¿De verdad hay alguien que esté recibiendo un sueldo de 2.000 euros para toda la vida?

¿No será un modo de recoger los datos de los clientes haciendo una publicidad que luego el dinero se lo quedan ellos?
Igual contratan a alguien que diga que le ha tocado y que por cuatro perras mantiene el espejismo.
También puede ser que el sorteo este amañado y el premio se lo lleve el amigo del primo del jefe de la empresa. O incluso que los trabajadores que tienen acceso a las etiquetas sin comprar el producto se hinchen a mandar cartas aumentando fraudulentamente sus posibilidades.
O que lo amañe el mismo notario porque si uno que ha trabajado en el FMI no se ha cortado ni con cuchillas a la hora de arañar de aquí y de allá el fondo del barril ¿Quien me dice a mí que el notario no haga que cobre un sueldo de 2.000 euros para toda la vida a su hija, yerno, primo segundo o colega de guay?
Es deprimente pensar esto.
Por eso yo quiero ser inocente, cándido e ingenuo.
Por eso he cogido mis etiquetas y me he ido a un estanco a por unos sobres y unos sellos y participar en un sueño.
Perfectamente consciente de mis escasas posibilidades y rezando para que no me quiten esto.
No me quiten la ilusión de que por lo menos Nescafé hace juego limpio. Sortea algo (que nadie le obliga) y cumple como un señor alegrando la vida a alguno de sus fieles clientes.
La suerte está echada.


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