martes, 16 de junio de 2015

Con la maleta a Inglaterra

En 1995 sentí que mi país más que madre era madrastra y decidí aprender inglés por las bravas, es decir, lanzarme a Inglaterra y buscarme la vida.
Tenía muy claro que no quería perder el tiempo así que escogí un pequeño pueblo en el centro de la isla lejos de turistas y otros extranjeros para aprender la lengua directamente de los nativos.
Mi oportunidad la encontré en Hampton Lucy en Warwickshire, cerca de Stratford upon Avon. Allí era el único extranjero y además de hacer de canguro para una señora separada y con cinco hijos empecé a trabajar en el único pub del pueblo.
La familia era un encanto y lo que más lamento, no obstante todos los años que han pasado es haber perdido el contacto. Sobre todo porque fue culpa mía pero sigo queriendo mucho a todos los niños que ahora ya serán hombres y mujeres de pelo en pecho.
En el pub empecé como comentaba de camarero hasta que me propusieron pasar a la cocina, como se me daba bien cocinar enseguida ofrecí un menú mediterráneo con pasta boloñesa y carbonara, cordero guisado, albóndigas y sopa de cebolla como especialidades.
Me llena de orgullo decir que se corrió la voz y pronto aumentó el número de clientes que venían a comer mis platos. 
Cocinar en un pub inglés es una tontería, en practica basta con que sepas freír y usar el microondas. Nosotros cocinábamos los lunes, además de mis recetas todos los "pies" típicos ingleses, les porcionábamos y los congelábamos. Se iban sacando según los pedían.
La primera semana mis platos llegaron de lunes a lunes pero luego ya no fue así y tuve que cocinar más días.
La clientela estaba tan contenta conmigo que el día que me marché un cliente me dejó de propina la misma cantidad que pagó por el menú y quiso dármelo personalmente. No había día que no tuviese una satisfacción y encima había un ambiente genial.
Mis jefes, Sally y David eran unas personas maravillosas y me trataron como a un hijo y mi compañero Greg era un chico extraordinario.
Me pagaban muy bien y estaba muy contento pero me daba cuenta de que esa cultura no era en la que yo quería vivir el resto de mi vida y que quería volver a España.


El pueblo era pequeño y el clima carecía de sol y ese tema de ponerte hasta las trancas de cerveza todos los fines de semana no iba conmigo.
Además era muy cansino ser siempre el exótico del grupo, aunque tengo que reconocer que me integré de maravilla entre los jóvenes del pueblo. Algunos sábados íbamos a Stratford de marcha, también fuimos a Londres algunos fines de semana, también fuimos a Birmingham al cine y en verano nos fuimos de camping al sur.
Como me gusta mucho Shakespeare también aproveché mi estancia allí para ir al teatro acompañado por los padres de un amigo, pero por lo general era bastante aburrido y muy limitado, yo quería volar y trabajar de periodista.
Así que después de ocho meses aproveché las vacaciones de Navidad para volver a casa.

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