viernes, 26 de junio de 2015

Llegar a la Toscana

Después de mi traumática experiencia en Ospitaletto, llegué a la estación de Campiglia Marittima con bastante recelo pero rápidamente cambié de opinión.
Mi trabajo era cuidar de un niño de siete años hijo de una madre separada que de trabajo hacía la ceramista. Gente abierta y simpática disponible a ayudar y con un buen italiano, no como en Brescia que parece que hablan ostrogodo.
Me enamoré inmediatamente del sitio y de alguien de dos patas también así que cuando hice la entrevista para la famosa revista de la Comunidad ya no estaba tan interesado. Me parecía que en Toscana había encontrado un hogar.
Calle de Campiglia Marittima
No tuve que escoger entre una cosa y otra ya que aunque si bien quedé el cuarto en la selección, como sólo cogían a dos, la suerte ya estaba echada.
Mi primer trabajo en Toscana fue de camarero en un "pianobar" un sitio de copas con música en directo en un sitio muy bonito de San Vincenzo que se llamaba "La Pinetina", era un lugar al aire libre por lo que sólo estaba abierto en verano. Me fue muy útil para aprender italiano y muchas canciones moñas que tienen. El ambiente entre los compañeros y jefe era bueno y la verdad es que me lo pasé muy bien.
Entre las cosas que me pasaron fueron aguantar los chorreos de los clientes por ser español ya que a menudo me pedían "una spagnola" que es lo que nosotros llamamos "una cubana". Cuando algo les hace gracia se ponen muy pesados.
Otra cosa bastante común es que te digan: "Eres español? Yo he estado en Barcelona" . Es un auténtico coñazo, sobre todo porque yo en esa época ni siquiera había estado en Barcelona y no podía responder con alguna frase vacía del tipo "Si?, es una ciudad preciosa". Después de las primeras cien veces, aprendí a responder esto mientras pensaba " Y a mí ¿Qué?". Son muy pesados.
Vista de Populonia y golfo de Baratti
Ahora no sé como será la cosa, pero para cobrar mi primer cheque fui al mismo banco que lo había emitido sólo para que me dijeran que como no lo habían emitido en esa sucursal si lo quería cobrar tendría que ir a la sucursal donde mi jefe tenía la cuenta, que estaba a casi 20 km, también desconfiaron de mi pasaporte porque el cheque estaba a mi nombre. !Vamos que aluciné!
También fue divertido cuando los carabinieri me pidieron documentación y me tuvieron un buen rato porque por entonces donde pone "Sexo ponía una H", no como ahora que pone V- H
Ellos pensaron que eso era de Hembra y alucinaban.
Terminó el verano y mi contrato, pasé un par de meses en el paro antes de encontrar trabajo en una agencia inmobiliaria, pero eso es ya otra historia.

martes, 23 de junio de 2015

Trabajando en una tienda de fotos

La experiencia en Televisión fue devastadora. Aprender aprendí un montón de cosas. A nivel profesional a hacer una noticia a toda velocidad, a machetazo limpio, a presentar lo mismo un informativo que un programa de cine que moderar un programa de debate. 
Todo casi sin producción previa y a salto de mata. Cuando lo pienso, todavía alucino de lo bien que salían las cosas.
A nivel personal aprendí que en este micro cosmos es mejor no fiarse de nadie.
Plaza de los Milagros de Pisa
Los compañeros se esforzaban más en desacreditar el trabajo de los demás que en hacer mejor el propio. Probablemente porque en la mediocridad el único modo de resaltar no es haciendo las cosas mejor sino señalando las carencias y los errores de los otros. Guerra de miserables. No me gustó trabajar en la tele, en pocas ocasiones podías hacer temas propios, casi siempre la información consistía en ir a ruedas de prensa y la vida no te daba para mucho más. Por otra parte, eso de salir en la tele, de "Dar la cara" siempre me ha dado bastante pudor. 
Supongo que por eso no se me da particularmente bien.
Pasé página y al poco tiempo encontré un trabajo de dependiente en una tienda de fotos. Por aquella época tenían mucho éxito. Las fotos había que imprimirlas para verlas y se tiraba mucho de carrete.
La empresa en la que trabajaba tenía 6 tiendas en la ciudad, tres en el centro, una en un centro comercial y la otra en Gamonal.
Actualmente, sólo queda la de Gamonal y la plantilla sufrió las consecuentes consecuencias. El sector pasó de ser florido y hermoso a ser una ruina en un par de años. Estos son los efectos de los avances tecnológicos. Puede que en algunos casos, como en este, mejoren la vida de todos permitiendo hacer una cantidad ilimitada de fotos prácticamente sin coste.
Se estima que en en sólo dos minutos se hacen tantas fotos como las que se realizaron en todo 1800.
Las víctimas más cercanas de este avance han sido las tiendas de fotos y sus trabajadores. Se tiende a no pensar en ellos pero también era un motor económico y una forma de ganarse la vida que la tecnología a robado a cambio de nada.
Con esto quiero decir que al desaparecer los trabajadores no se reciclaron ni actualizaron, empezaron a hacer otros trabajos completamente diferentes que no es lo mismo.
A veces oímos eso de que hay que reciclarse como algo positivo. En general lo que se pide es un renacimiento. Me explico mejor. Se recicla una botella de plástico y siempre saldrá otro objeto de plástico y en ese caso el término está bien usado, pero cuando se pide que un periodista trabaje de dependiente o en producción eso no es reciclarse, es pasarse el título, que forma parte de la identidad por el culo y renacer en otra profesionalidad.
Un dependiente de una tienda de fotos no se recicla al trabajar en una carnicería, sobrevive.
Esto no es nada nuevo, son cosas que siempre han pasado y siempre pasarán. Lo digo no porque sea un moñas con nostalgia de los oficios del pasado sino porque creo que el coste de los avances merece una reflexión por breve y manida que esta sea.
Yo trabajé casi un año, pero seguía teniendo ganas de trabajar en el periodismo así que continué a buscar trabajo hasta que encontré una oferta para una revista de la Comunidad que tendría su sede en Bruselas y que buscaba dos periodistas por país.
Interior del Duomo de Pisa

Pasé la selección curricular y la entrevista telefónica en inglés.
La persona que me hizo la entrevista me comentó que había unas quince personas españolas para la selección final que sería en Bruselas en tres meses, pero que casi todas tenía un tercer idioma.
Comprendí la indirecta y me dí cuenta de que si quería estar entre los elegidos tenía que aprender rápidamente otro idioma de la Comunidad.
El más fácil me pareció el italiano, así que me despedí de la tienda de fotos, hice la maleta y me fui a Italia.
Me parecía poco probable aprender un idioma en tres meses trabajando en Burgos así que me lo jugué todo a una carta.
Cuando se quiere aprender un idioma en el menor tiempo posible y sin recursos como para ir a una academia chupi guay, la única posibilidad es buscar un trabajo en una zona en la que no haya muchos españoles ni extranjeros con los que hacer pandi.
Cuando se está sólo en un país extraño se tiende a buscar refugio en los que están en la misma situación. Esta es una opción perfecta para quien quiere pasar mucho tiempo en el país, pero para los que quieren aprender un idioma cuanto antes, lo mejor es ponerse en una situación en la que el único modo de comunicar sea hablando lo que se hable en en sitio en el que estás.
Mi primera parada fue Ospitaletto un pueblo terrible cerca de Milán.
La gente que me dio trabajo era de lo peor. Pertenecían a la clase alta de la zona así que no se cortaban en echarte en la cara lo que comías y encima no me pagaron dos semanas.
Los ricos tienen dinero porque no se lo gastan y porque si pueden robar y estafar a los que están debajo no se lo piensan dos veces. Lo que no les impide ir de "buenos". 
En ese momento les deseé de todo corazón que los que me habían robado se lo gastasen en medicinas, pasé página y encontré un apaño. Esta vez para mejor en la región más bonita del mundo: La Toscana.

jueves, 18 de junio de 2015

Trabajando en Televisión Burgos

Cuando volví de Inglaterra me encontré un panorama no muy distinto de como lo había dejado ocho meses atrás, pero pensaba que ahora que sabía inglés se me abrirían cientos de puertas de par en par.

Mientras, los conocidos y amigos de mi generación luchaban por buscarse la vida con más o menos éxito pero en poquísimos casos con resultados estables.
Gracias a la administrativo de Onda Cero con la que tenía una relación de amistad (que sigo manteniendo) me hicieron una prueba para presentador de una nueva televisión que se acababa de crear en la ciudad.
Pasé la prueba. Tengo que decir que en mi opinión no me salió muy bien pero parece que fue lo mejor que encontraron así que a 15 días de mi llegada de Inglaterra empecé a trabajar en Televisión Burgos.
Ian Gibson 
Por aquel entonces había una guerra con las concesiones televisivas y habiendo un limbo legal se crearon pequeñas realidades locales con la idea de llevarse el gato al agua cuando la normativa fuese más clara.
En Burgos además de la televisión que me había contratado estaba, y todavía continúa, Canal 54.
Ni el propietario ni el director tenían formación periodística así que no teníamos a nadie a quien consultar porque por nuestra parte nadie tenía gran experiencia en el tema. Fuimos aprendiendo por el camino y los resultados no fueron tan malos como cabía esperar.
En esa época cimenté no pocos contactos con los gabinetes de prensa de la ciudad, relaciones que en muchos casos podría definir de amistad que sigo manteniendo, además entrevisté a personajes interesantes.
El problema surgió cuando nos dejaron de pagar la mierda de sueldo que nos daban que "naturalmente" no llegaba a los 1.000 euros actuales.
Todos tuvimos mucha paciencia durante varios meses pero resultaba muy humillante tener que pedir dinero a los padres para ir a trabajar las 12 o 14 horas diarias.
Así que decidimos plantarnos e ir a la huelga. Naturalmente hubo despidos y represalias y entre "favorecidos" me encontré yo.
La televisión aguantó un año más antes de echar el cerrojo.
De esta experiencia aprendí a hacer televisión. No es un medio por el que sienta particular atracción pero nada más salir pensé que mi experiencia en la radio, en la televisión y con inglés tendría muchas más oportunidades.
Me equivocaba. 
Los medios seguían teniendo superávit de candidatos mientras que sus necesidades continuaban a ser las mismas.
El enchufismo era la práctica más corriente a la hora de contratar gente nueva.


martes, 16 de junio de 2015

Con la maleta a Inglaterra

En 1995 sentí que mi país más que madre era madrastra y decidí aprender inglés por las bravas, es decir, lanzarme a Inglaterra y buscarme la vida.
Tenía muy claro que no quería perder el tiempo así que escogí un pequeño pueblo en el centro de la isla lejos de turistas y otros extranjeros para aprender la lengua directamente de los nativos.
Mi oportunidad la encontré en Hampton Lucy en Warwickshire, cerca de Stratford upon Avon. Allí era el único extranjero y además de hacer de canguro para una señora separada y con cinco hijos empecé a trabajar en el único pub del pueblo.
La familia era un encanto y lo que más lamento, no obstante todos los años que han pasado es haber perdido el contacto. Sobre todo porque fue culpa mía pero sigo queriendo mucho a todos los niños que ahora ya serán hombres y mujeres de pelo en pecho.
En el pub empecé como comentaba de camarero hasta que me propusieron pasar a la cocina, como se me daba bien cocinar enseguida ofrecí un menú mediterráneo con pasta boloñesa y carbonara, cordero guisado, albóndigas y sopa de cebolla como especialidades.
Me llena de orgullo decir que se corrió la voz y pronto aumentó el número de clientes que venían a comer mis platos. 
Cocinar en un pub inglés es una tontería, en practica basta con que sepas freír y usar el microondas. Nosotros cocinábamos los lunes, además de mis recetas todos los "pies" típicos ingleses, les porcionábamos y los congelábamos. Se iban sacando según los pedían.
La primera semana mis platos llegaron de lunes a lunes pero luego ya no fue así y tuve que cocinar más días.
La clientela estaba tan contenta conmigo que el día que me marché un cliente me dejó de propina la misma cantidad que pagó por el menú y quiso dármelo personalmente. No había día que no tuviese una satisfacción y encima había un ambiente genial.
Mis jefes, Sally y David eran unas personas maravillosas y me trataron como a un hijo y mi compañero Greg era un chico extraordinario.
Me pagaban muy bien y estaba muy contento pero me daba cuenta de que esa cultura no era en la que yo quería vivir el resto de mi vida y que quería volver a España.


El pueblo era pequeño y el clima carecía de sol y ese tema de ponerte hasta las trancas de cerveza todos los fines de semana no iba conmigo.
Además era muy cansino ser siempre el exótico del grupo, aunque tengo que reconocer que me integré de maravilla entre los jóvenes del pueblo. Algunos sábados íbamos a Stratford de marcha, también fuimos a Londres algunos fines de semana, también fuimos a Birmingham al cine y en verano nos fuimos de camping al sur.
Como me gusta mucho Shakespeare también aproveché mi estancia allí para ir al teatro acompañado por los padres de un amigo, pero por lo general era bastante aburrido y muy limitado, yo quería volar y trabajar de periodista.
Así que después de ocho meses aproveché las vacaciones de Navidad para volver a casa.

Mi primer trabajo como becario

Cuando en los primeros años de los 90 salí al mundo laboral no había trabajo para nadie y las empresas se divertían con peticiones imposibles como exigir idiomas, experiencia y juventud, algo que sólo las castas sociales más altas podían tener ya que la educación formal casi no tenía en cuenta el estudio de los idiomas.
En primero de carrera estábamos inscritos casi 400 alumnos pero menos de la mitad llegamos a terminar nuestros estudios de periodistas. No obstante esta escabechina, resultaba obvio que no habría medios de comunicación o gabinetes de prensa (cosa que por aquel entonces no era comunes) suficientes para todos.
Mucho menos si se tiene en cuenta que la UPV no era la única facultad de periodismo de España.
Cuando sales de la facultad no eres muy consciente de estos números. Sobre todo porque estás convencido de que tú vas a tener suerte y de que tú vas a encontrar trabajo en lo tuyo enseguida porque trasudas talento por todos los poros de la piel.
La realidad es que en mi grupo más cercano de amigos de la facultad sólo (yo y un tal Sergio) conseguimos trabajar en periodismo. Los demás que eran unos 15 se reciclaron hacia otras actividades y aunque no mantengo contacto con todos, puedo decir, después de 20 años, que a los demás les ha ido mejor.
Mi primera experiencia en prácticas (por aquel entonces no se decía becario) fue en una sucursal de Onda Cero que en esos momentos pertenecía a la ONCE.
Nada más llegar me dí cuenta de que no tenía ni puta idea y de que los cinco años que había pasado estudiando no me habían preparado en absoluto para lo que era necesario saber para trabajar en una radio.
Milagrosamente me puse las pilas y metí más horas que las lámparas. Además de colaborar en la realización de los informativos me ofrecí voluntario para colaborar en los diferentes programas.
Iba sólo a cubrir la información, no como ahora que parece que los becarios tienen que ir acompañando a un redactor. Recuerdo que un día (creo que fue en la primera semana) me pidieron que entrara en directo desde la universidad. Casi me da un pampurrio. Busqué una cabina de teléfonos
, porque por aquel entonces no había móviles y  conseguí articular palabra no obstante los nervios y creo que la cosa no quedó mal ya que me felicitaron.
Como pago me dieron los billetes del autobús (no dinero para el autobús sino los mismos billetes) así estuve varios meses hasta octubre. El director, con apellido de árbol frutal, estaba encantado conmigo y me prometió que conseguiría que Madrid me hiciera un contrato.
Fue el día más feliz de mi vida.
Pero pasaron los días y en vez de a mí contrataron a una chica con una minusvalía cosa que me rompió el corazón.
Ahí tenía que haber comprendido que a las empresas más que la dedicación, el entusiasmo o la profesionalidad les interesa ahorrarse unas perrillas.
Estuve buscando trabajo en otros medios de la ciudad pero no había NADA DE NADA.
Así que con el impulso de la decepción decidí cubrir la laguna que tenía con los idiomas, hice la maleta y me fui a Inglaterra.

martes, 9 de junio de 2015

El sueño de Nescafé

Ya se acerca la fecha en la que nuevamente se sorteará un sueldo de 2.000 euros para toda la vida que pone en marcha de café soluble Nescafé.

Yo hasta ahora, siendo consumidor habitual de este producto, no había participado a este sorteo.

Reconozco que había quitado y guardado algunas etiquetas, pero por una cosa u otra siempre se me olvidaba mandarlo.
Este año me he acordado, he recogido un par de ellas que tenía guardadas de otros años y las que tenía de este y he mandado tres cartas.
Me ha hecho ilusión. Para qué negarlo. Pero reconozco que esta ilusión tiene algo de cándido, algo de ingenuidad que se resiste de morir.
En un país como este en el que las oposiciones están, en su mayoría dadas. En el que un gobernador civil se puede pringar por un fusil de dos mil euros, en el que la codicia no tiene fondo, no queda más remedio que preguntase si este concurso, rifa o como quiera llamarse no será otro timo de la estampita.

¿De verdad hay alguien que esté recibiendo un sueldo de 2.000 euros para toda la vida?

¿No será un modo de recoger los datos de los clientes haciendo una publicidad que luego el dinero se lo quedan ellos?
Igual contratan a alguien que diga que le ha tocado y que por cuatro perras mantiene el espejismo.
También puede ser que el sorteo este amañado y el premio se lo lleve el amigo del primo del jefe de la empresa. O incluso que los trabajadores que tienen acceso a las etiquetas sin comprar el producto se hinchen a mandar cartas aumentando fraudulentamente sus posibilidades.
O que lo amañe el mismo notario porque si uno que ha trabajado en el FMI no se ha cortado ni con cuchillas a la hora de arañar de aquí y de allá el fondo del barril ¿Quien me dice a mí que el notario no haga que cobre un sueldo de 2.000 euros para toda la vida a su hija, yerno, primo segundo o colega de guay?
Es deprimente pensar esto.
Por eso yo quiero ser inocente, cándido e ingenuo.
Por eso he cogido mis etiquetas y me he ido a un estanco a por unos sobres y unos sellos y participar en un sueño.
Perfectamente consciente de mis escasas posibilidades y rezando para que no me quiten esto.
No me quiten la ilusión de que por lo menos Nescafé hace juego limpio. Sortea algo (que nadie le obliga) y cumple como un señor alegrando la vida a alguno de sus fieles clientes.
La suerte está echada.


lunes, 8 de junio de 2015

Nacer con estrella o estrellado

Cuando estaba en BUP, en un colegio privado de curas, en mi clase había 43 ó 46 chicos. Hoy en la misma clase hay 23.

Mis padres habían tenido dificultades para acceder a la educación, de hecho mi padre se licenció mientras nosotros eramos niños y mi madre en la misma época consiguió el Graduado Escolar.

Nada extraño entonces que para los padres de esos tiempos lo fundamental era que sus retoños se sacasen un título universitario.
En mi casa eramos tres hermanos y sólo yo conseguí el anhelado título.
Ni que decir tiene que a mis dos hermanos les ha ido bastante mejor con su Formación Profesional.
Cuando estaba en 2 de BUP tuve una iluminación y decidí que quería ser periodista.
Había que ir a estudiar fuera y aunque mi notas me daban acceso a la prestigiosa universidad de Pamplona, el coste era impensable  para mi familia y la alternativa de la UPV parecía la única alternativa posible.
Así que no corto ni perezoso me enfrenté a cinco años de duros estudios universitarios para alcanzar mi sueño de ser periodista y la esperanza de mis padres de tener un hijo con títulazo.
En esos años había movidas todos los santos fines de semana en el casco viejo bilbaíno. La famosa kale borroca.

Yo iba a lo mío, sacar buenas notas y terminar la carrera, pero las tensiones se masticaban.

Cuando finalmente terminé la carrera, la crisis estaba en sus mejores momentos.
Cierre de los altos hornos, de los astilleros y de todas las empresas colegadas a estas industrias, manifestaciones, violencia y desamparo era el pan nuestro de cada día.
La crisis de la época de Felipe González se tradujo en el principio de una pérdida masiva de los derechos de los trabajadores.
En pocos años se perdieron, con la convivencia de los sindicatos, derechos que habían costado sangre sudor y muchas lágrimas conseguir. 
El chantaje que presentaba gobierno y patronal era que si no se conseguía ser competitivos a costa de los sueldos de los trabajadores, no habría trabajo para nadie.
Se terminó cediendo y las empresas lejos de ser más competitivas a nivel global, se vincularon a la construcción como si de una república bananera se tratase.
Mientras tanto, los que tuvimos la desgracia de pertenecer al Boom de los 60, entramos en el mundo laboral con un panorama desolador.
Las ofertas que habían pedían idiomas, experiencia y ser joven. Cosa difícilmente compatible para la mayoría de la población.
El Curriculum tenía que tener muchas líneas.
De esos tiempos tengo cursos de Marketing por la universidad de Valladolid, seminarios de periodismo organizados por el Diario de Burgos y Cursos de actualización periodística organizados por el desaparecido Diario 16, por contar algunos.
Ni que decir tiene que me han servido para limpiarme el trasero con las dos manos.